Aena aloja en hoteles de Barajas a cientos de los pasajeros afectados
Medio centenar optó por pasar su segunda noche en el aeropuerto.
Para Gadi, peruana de 35 años, y una niña de 12, Brenda, que no deja de corretear por el aeropuerto, el tiempo lleva congelado más de 36 horas. El pasado lunes, la cinta transportadora engulló sus maletas y su viaje a Lima, donde su marido se encuentra ingresado en el hospital.
Fue la primera afectada, la que vio a un metro de distancia cómo “la chica del mostrador de Air Comet recibió una llamada y sin decir nada se fue”. Seguía en el mismo sitio ayer, sentada en un ‘trolley’, con los brazos en jarra esperando una respuesta que no llegaba. El tiempo congelado. “Esto es injusto. Es una burla”, aseguraba.
Pero pasada la medianoche, llegó la esperanza. Unos agentes de Aena se personaron en Barajas y comenzaron a embarcar en autobuses a los cientos de pasajeros abandonados en el aeropuerto. A dormir a un hotel, a la espera de que el Ministerio de Fomento les encuentre avión.
El martes por la tarde, Gadi, como cientos de pasajeros afectados, se acercó a la oficina de Aviación Civil a poner una reclamación. Dio sus datos para tratar de ser uno de los afortunados pasajeros de los chárters especiales gestionados por Fomento: “Allí nos trataron fatal. Muchos se han quedado esperando en la calle bajo la lluvia. Al menos, esta tarde me devolvieron las maletas”.
“Mi hija sólo ha comido un sándwich y un agua que nos han dado aquí. y ¿ahora qué? ¿Además de no poder viajar, tenemos que pagarnos la comida?”, preguntaba indignada.
‘Queremos volar’
La jornada de ayer en la T-1 de Barajas fue de idas y venidas, de lágrimas y gritos. Decenas de pasajeros, junto a varios trabajadores de la aerolínea, cortaron el tráfico de uno de los accesos a la terminal hasta cuatro veces. Una de ellas de una hora, lo que obligó a intervenir a la Policía y a desviar el tráfico en la zona.
“Díaz Ferrán es un ladrón” o “Queremos volar” fueron las consignas que repitieron durante todo el día. La reunión por la mañana con el director de Aviación Civil, Manuel Ameijeiras, tampoco despejó inquietudes. “Esto es igual que lo de Air Madrid. Dicen que tratarán de buscarnos un avión, pero no va a ser así; se van a lavar las manos”, decía tras la reunión Leandro, que el martes debía volar a Buenos Aires.
“A mí ya se me acabó la plata; no tengo forma de llegar y nadie nos informa”, explicaba otro compatriota, David, que llegó horas antes a Madrid de Qatar tras ver el Estudiantes-Barça del Mundialito. “Si al menos nos hubiéramos traído la copa”, decía con sorna.
“Nos tratan peor que a animales. No tenemos agua ni comida, ni un sitio donde dormir. Yo he venido desde Sevilla, ¿dónde voy a ir”, explicaba Rosa, una peruana que hace nueve años que no pasa la Navidad en casa. “He tardado mucho en ahorrar todo ese dinero”, decía entre lágrimas. “Nuestros hijos nos esperan allí. De aquí no nos vamos hasta que nos den una solución”, indicaba firme Enrique, trabajador de la construcción que además volvía a Perú para quedarse. “Ayer dejamos nuestro piso de alquiler tras nueve años, ¿qué vamos a hacer? No tenemos ni dinero para otros dos billetes”.
Repartidos por la terminal por nacionalidades -peruanos, argentinos, cubanos, ecuatorianos-, los pasajeros se levantaron de improvisadas camas hechas con cartones o jerseys cuando llegaron los autobuses.
fuente/elmundo.es/