Mientras unos se lamentan por su mala suerte en la Lotería, otros apelan a la Providencia para que no les falte el pan. Y es que si en la provincia de Albacete nadie muere de hambre es porque la crisis agudiza a la par necesidad y solidaridad. Las campañas de recogida de comida en supermercados, centros escolares, colegios profesionales, parroquias o asociaciones tienen su razón de ser. Gracias al Banco de Alimentos comen más de cinco mil albaceteños y Cáritas consiguió, sólo en noviembre, que el pan no faltara en la mesa de 400 familias de la capital.
Pero la situación ha llegado a tal punto que los propios beneficiarios de las campañas solidarias de Navidad, como son el Asilo de San Antón o El Cotolengo, se ven obligados a repartir lo poco que tienen entre los que llaman a sus puertas a diario. La Institución Sagrado Corazón da una media de setenta comidas de lunes a domingo a las personas de la calle.
Que nadie ponga en duda que los productos que dona llegan a quien realmente los necesita. El responsable del Banco de Alimentos en Albacete, José Antonio García, invita a quien lo desee a que visite las instalaciones, en el kilómetro 2 de la carretera de Murcia. Allí, en una nave, una treintena de jubilados invierten su tiempo y buena voluntad en organizar la comida que donan supermercados y personas anónimas, así como en asegurarse de que ésta se la queda quien más la necesita. El Banco de Alimentos reparte lo que llega a sus manos entre 96 instituciones benéficas, quienes a su vez distribuyen la comida entre más de cinco mil beneficiarios. El Cotolengo, Cáritas, los asilos de Albacete y provincia o las asociaciones de inmigrantes son sólo un ejemplo del sinfín de organizaciones encargadas de repartir lo que el banco recoge.
La demanda de ayuda prácticamente se ha duplicado en un año, pero también hay que decir que la crisis está removiendo conciencias. Si el año pasado el Banco de Alimentos recogió 382.000 kilos de comida, este año ya ha superado los 500.000 y ni siquiera ha cerrado la campaña de Navidad. «La gente ahora es más sensible a las necesidades», aseguraba José Antonio García, al tiempo que recordaba a los albaceteños que las puertas del almacén están abiertas de diez de la mañana a una y media de la tarde.
Esta institución recoge cualquier donativo con los brazos abiertos, pero aconseja a quien quiera colaborar que le dé alimentos no perecederos, como legumbres. Este tipo de productos permiten conservar una despensa para los tiempos difíciles. Además, los supermercados son más proclives a donar alimentos con la caducidad justa, en lugar de pasta o lentejas. No hay que olvidar que hambre hay todo el año, aunque sea en estas fechas cuando se recibe un mayor volumen de donativos.
Seriedad
La directora de Cáritas, Carmen Escribano, confirmó ayer a este diario que la labor del Banco de Alimentos es un éxito porque «trabajan con mucha seriedad, controlando absolutamente todo». Y es que el banco no reparte comida entre quien se acerca a sus instalaciones. Son organizaciones como Cáritas las que se encargan de repartir los alimentos. En el caso de las parroquias, tan importante es la comida que llega desde el banco como la que consiguen sus feligreses a través de la campaña ‘El kilo, el litro y la lata’. La clave está, tal y como subrayaba Escribano, en que «aquí no se da una bolsa a todo el que la pide». Los beneficiarios de Cáritas tienen cara, nombre y apellidos, con el fin de evitar tanto la picaresca como la dependencia. «Queremos que nuestra ayuda sea educativa, que sirva para que dejen de necesitarla».
Las parroquias de la provincia saben quienes son sus necesitados. A la hora de repartir los alimentos se tiene en cuenta si en la familia hay ancianos o niños y en todos los casos se hace un seguimiento para asegurarse de que tienen todo lo que necesitan.
Hay que tener en cuenta que para Cáritas la caridad no es dar lo que nadie quiere a los que más lo necesitan. Su directora explicó ayer que quien pasa por dificultades económicas tiene el mismo derecho que cualquiera a tener un menú especial estos días de fiesta. Aunque haya quien se atreva a criticar esta medida, Cáritas ya ha repartido botellas de sidra y dulces para que comidas como las de Nochebuena o Navidad no sean a base de lentejas.
Como Cáritas, El Cotolengo también ha hecho un pequeño esfuerzo para estas fechas. La madre Dolores explicaba ayer emocionada que por fin ha conseguido los recursos suficientes para que el Día de Navidad haya cocido y cordero. Las personas que llaman a las puertas de la Institución Sagrado Corazón llenan el estómago a diario con un plato caliente y bocadillos, pero la madre Dolores quería sorprenderlos. Ya que las obras del comedor benéfico aún no han terminado, qué menos, se decía la hermana, que tengan un menú especial. De hecho, estos días de nieve, lluvia y frío las hermanas han optado por vaciar el garaje y dar las comidas bajo su techo.
La madre Dolores confesaba ayer que el día a día cada vez es más duro. «Llegan familias llorando; esto es un desfile diario; sólo podemos limitarnos a repartir lo que tenemos». La madre agradeció la ayuda del Banco de Alimentos y de los colegios y parroquias como la de San José. Gracias a los donativos, El Cotolengo aún no ha tenido que negarle un plato de comida a nadie. A las dos de la tarde, la cola de personas en busca de alimento es imprevisible.
La crisis se ha cebado con los inmigrantes, pero entre los ‘nuevos necesitados’ hay parados y trabajadores autónomos. Un tercio de las familias a las que atiende Cáritas en toda la provincia son españolas. Cada vez son más los que han agotado las prestaciones sociales.
Gracias a los alimentos que donan los albaceteños también comen los 106 internos del Asilo de San Antón y todas aquellas personas que llaman a la puerta de la institución. «Viene mucha gente de paso, muy necesitada, que ve la Cruz y entra. Nadie se va con las manos vacías porque tenemos la suerte de contar con gente generosa y de buen corazón», explicaba la madre superiora, Sor Julia, quien confesaba que viven al día, «confiando en La Providencia».
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